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Horario de Verano

 

Breve reseña Historica.

El Horario de Verano y el cuidado de la energía y del medio ambiente.

Horario de verano y el medio ambiente.

Horario de Verano y cambio tecnológico.

El Horario de Verano y nuestra salud.

Países que aplican el Horario de Verano.


Horario de Verano.


Breve reseña Histórica.
La primera referencia que se conoce a la posibilidad de ganar horas de luz se encuentra en un ensayo de Benjamín Franklin del año 1784. Sin embargo, fue por primera vez en 1909 cuando un parlamento, el británico, discutió la posibilidad, finalmente aceptada en 1916, de adoptar el horario de verano.
El Horario de verano (HV) es una medida que consiste en adelantar el reloj una hora durante la parte del año en la que se registra mayor insolación, es decir, en el periodo con mayor duración de luz solar, fenómeno que se debe a la inclinación del eje de la Tierra y su movimiento de traslación. Así, en junio se presentan los días más largos del año en el hemisferio norte, y en diciembre en el hemisferio sur.
El principal objetivo del Horario de Verano es hacer un uso racional de la luz solar durante los meses de mayor insolación. Se obtiene una reducción en el consumo de energía eléctrica para iluminación, equivalente a una hora de luz artificial por las noches, lo cual tiene su mayor impacto en el sector doméstico. La mayor luminosidad de las tardes hace que pasemos más tiempo fuera de casa, que prolonguemos las actividades al aire libre y que, por tanto, retrasemos el consumo doméstico de luz eléctrica.
La energía eléctrica no es un recurso natural, sino una forma de energía generada mediante costosos métodos. Las plantas generadoras y las redes de transmisión y distribución de electricidad requieren grandes recursos no sólo para su instalación, sino también para su operación y mantenimiento.

  • La importancia de promover una cultura del cuidado de la energía se debe a que:
    La vida moderna ha incrementado nuestra dependencia del consumo de energéticos, como gasolina, gas y otros productos no renovables, para la producción de energía eléctrica. El desarrollo depende cada vez más de estos productos.
    Una cultura del cuidado de la energía es una actitud de visión a futuro, que se relaciona de manera muy estrecha con el mundo que heredaremos a las próximas generaciones.
    Al igual que en otros rubros, tales como el del cuidado del agua y del medio ambiente, en lo que corresponde al cuidado de la energía, debemos evitar que esta no falte.
    El Horario de Verano forma parte de un conjunto de esfuerzos de gobierno y sociedad, orientados a desarrollar una nueva cultura del ahorro y uso eficiente de la energía en nuestro país.



El Horario de Verano y el cuidado de la energía y del medio ambiente


¿Por qué darle importancia en estos momentos a una cultura del cuidado de la energía?
Al igual que en otros rubros, tales como el cuidado del agua y del medio ambiente, en lo que corresponde al cuidado de la energía, debemos tomar una actitud previsora, para que en un futuro cercano no sólo podamos continuar cubriendo nuestras necesidades de energía, sino para que ésta no nos falte, porque se trata de un servicio indispensable para la vida moderna, prácticamente en cualquier campo de la actividad humana.
Por ello, es imprescindible tomar conciencia hoy de la cultura del cuidado de la energía como parte de nuestra vida diaria, e inculcarla de ese modo a nuestros hijos. Una actitud de cuidado de los recursos naturales en general es un estilo de vida, y resulta especialmente importante en aquellos bienes o servicios como la energía eléctrica cuya producción resulta costosa para la sociedad.
90% de la energía eléctrica que consumimos en Cuba se obtiene mediante la quema de combustibles, en las plantas termoeléctricas.
Dentro de esta cultura del cuidado de la energía, acciones como el Horario de Verano contribuyen a reducir las emisiones contaminantes a la atmósfera. Esto permite disminuir el sobrecalentamiento de la Tierra, porque al dejar de quemar combustibles para generar energía eléctrica se evita enviar a la atmósfera algunos de los gases que provocan el llamado efecto invernadero.
Por lo tanto, al reconocer objetivamente los beneficios a los que todos accedemos con el establecimiento del Horario de Verano, contribuimos a crear y mantener una cultura de apoyo hacia aquellas medidas que permiten hacer uso, con eficiencia, eficacia, y sobre todo con responsabilidad, de los recursos de todos los cubanos.





Horario de verano y el medio ambiente.

El principal objetivo del Horario de Verano es hacer un uso racional de la luz solar durante los meses de mayor insolación. Se obtiene así, una reducción en el consumo de energía eléctrica para la iluminación, equivalente a una hora de luz artificial por las noches, lo cual tiene su mayor impacto en el sector doméstico.
Un aprovechamiento óptimo de la luz solar permite reducir la demanda de electricidad. De este modo, se necesitan menos combustibles para hacer funcionar las centrales termoeléctricas y la disminución de emisiones contaminantes es sensible.

La energía eléctrica no es un recurso natural, sino una forma de energía generada mediante costosos métodos. Las plantas generadoras y las redes de transmisión y distribución de electricidad requieren grandes recursos no sólo para su instalación, sino también para su operación y mantenimiento.
Acciones como el Horario de Verano contribuyen por tanto a reducir las emisiones contaminantes a la atmósfera y a disminuir el consumo de energía eléctrica. Esto permite disminuir el sobrecalentamiento de la Tierra, porque al dejar de quemar combustibles para generar energía eléctrica se evita enviar a la atmósfera algunos de los gases que provocan el llamado efecto invernadero.


Horario de Verano y Cambio Tecnológico


Introducción
El Horario de Verano es, estacionalmente, motivo de debate, en particular sobre la validez de su aplicación. Específicamente, se argumenta, por un lado, que dicha medida atenta contra costumbres ancestrales definidas por la relación de la humanidad con el Sol y, por otro lado y de manera más general, que violenta la naturaleza humana. Detrás de estos planteamientos se manifiesta, al parecer, un desconocimiento de los procesos de cambio que ha tenido la humanidad en poco más de un siglo, particularmente en nuestra relación con la luz (ya sea natural o artificial) y la hora que marca el reloj.
En la argumentación que se hará a continuación para defender la tesis de que el Horario de Verano es uno de los muchos ajustes que realizamos como sociedad para ubicarnos mejor en una realidad cambiante, se manejarán tres realidades fundamentales: (a) actualmente, la organización social del tiempo está determinada por la hora que marcan los relojes y no por la posición del Sol sobre el horizonte; (b) las doce del día ya no representan, desde hace más de un siglo, el mediodía solar; y (c) la mitad del día ya no ocurre, en términos de actividad humana, a las doce del día, sino varias horas después.
Para definir estos tres puntos consideramos adecuado referirnos a un número igual de desarrollos tecnológicos que han influido de manera determinante para estos cambios: el reloj, la máquina de vapor y la luz eléctrica. En esta perspectiva, se argumentará que ha sido el cambio tecnológico, que ha hecho posible que una variedad muy amplia de comodidades lleguen a grandes sectores de la población en el mundo, el que nos ha llevado a modificar nuestras costumbres. Igualmente, se referirá a que nuevas preocupaciones, principalmente de carácter económico y ambiental, han llevado a realizar otros ajustes en esas costumbres.


El reloj
En el contexto de la presente argumentación, lo primero que modifica la tecnología es nuestra forma de establecer cada uno de los momentos del día. En la antigüedad, antes de la aparición de los relojes, el tiempo se medía en función de fenómenos que ocurrían en el entorno físico. Anthony Giddens, quien como sociólogo ha reflexionado sobre la modernidad y sus consecuencias (1), nos refiere:
"…la estimación del tiempo que configuraba la base de la vida cotidiana, vinculaba siempre, al menos para la mayoría de la población, el tiempo con el espacio y era normalmente imprecisa y variable. Nadie sabía la hora del día sin hacer referencia a otros indicadores socio-espaciales: el ´cuándo´ estaba casi universalmente conectado al ´dónde´ o identificado por los regulares acontecimientos naturales."
Vivir al ritmo que determinan las máquinas que miden el tiempo no es nada nuevo. Nos dice Alfred W. Crosby (2), analista de la influencia de la cultura occidental en el mundo moderno:

"En la Edad Media y en el Renacimiento la vida en las ciudades seguía el ritmo que dictaban las campanas: ´una ciudad sin campanas…es como un ciego sin bastón´".

Las campanas fueron sustituidas por el reloj en el Siglo XVII y el reloj de las ciudades grandes y pequeñas se convirtió en un elemento fundamental, como refiere, de nuevo, Crosby:

"Todas las ciudades grandes y muchas de las pequeñas se impusieron tributos onerosos con el fin de tener por lo menos un reloj, y hay que decir que en su primer siglo los relojes eran enormes, solían instalarse en torres y resultaban muy caros. Puede ser que en toda la historia de la tecnología antes del siglo XVII ninguna máquina complicada se difundiera tan rápidamente como el reloj."

Los relojes, inevitablemente, estaban calibrados por la posición del Sol. En ese entonces el mediodía era la mitad del día solar, la mitad del camino del Sol sobre el horizonte. En esos tiempos, pocos, acaso sólo los observadores de las estrellas, alargaban sus actividades productivas más allá de unas horas de la noche.
(1) Anthony Giddens, "Consecuencias de la Modernidad".
(2) Alfred W. Crosby, "La Medida de la Realidad"


La máquina de vapor y la locomotora
La máquina de vapor, cuyo uso se comienza a difundir hacia finales del siglo XVIII e inicios del XIX, juega un papel importante en la modificación de la relación de los seres humanos con el tiempo. En particular, su aplicación en el transporte terrestre, específicamente en la locomotora, acelera radicalmente la velocidad del movimiento de las personas y mercancías (3) y lleva a romper la relación que por varios siglos tuvo el tiempo medido con el medio día solar. Estas máquinas aceleran los intercambios, dan lugar a condiciones para que aparezca el primer aparato de comunicación a distancia (el telégrafo) y a la necesidad de plantearse las ventajas de definir nuevas reglas para establecer la hora que marcan los relojes.
Fue precisamente, como resultado de la velocidad de movimiento de los trenes, que se hizo necesario establecer una hora que fuera común a regiones relativamente amplias. En 1883, impulsados por la necesidad de operar los sistemas con el mínimo de contratiempos, los dueños de las líneas de transporte ferroviario de Estados Unidos determinaron, para definir sus horarios, establecer la "hora estándar" dividiendo al territorio de ese país en cuatro zonas horarias. . O sea, quien quisiera usar el tren tenía que estar en la estación al mismo tiempo que la máquina.
En 1884, y como resultado de las necesidades referidas arriba, se convoca en la ciudad de Washington a los países del mundo a la Conferencia Internacional sobre Meridianos. En esta conferencia se firma un acuerdo, de alcance internacional, en el que el mundo se divide en 24 zonas para que, cada quince grados de los 360° que totaliza la circunferencia del globo terrestre, tenga una hora distinta el mediodía marcado por el reloj (las 12 horas).
Es a partir de ese año que, para una fracción importante de la humanidad, las doce del día dejan de ser el momento que marca la mitad del recorrido del sol sobre el horizonte. Es decir que, salvo para los seres humanos que viven sobre las 24 líneas imaginarias del tiempo (o para aquéllos que superan los cien años de edad), el reloj nunca ha marcado el mediodía cuando marca las doce del día.
(3) En mayo de 1869, cuando se termina la línea intercontinental a través de los Estados Unidos, un viaje que tomaba cinco meses se reduce a unos cuantos días (Del Vechi M., "Railroads Accross America")
(4) Del Vechio M., "Railroads Accross America"


La luz eléctrica
De manera casi coincidente, en los mismos años en los que se definen los husos horarios, aparece una de las grandes invenciones de los tiempos modernos: la lámpara incandescente. Inventada por Thomas Alba Edison, esta lámpara -que funciona con electricidad- se empieza a comercializar en 1880 y se convierte en pocos años en elemento fundamental para la operación de las ciudades, ya que permite actividades nocturnas a plenitud.
Es precisamente el desarrollo del dispositivo que convierte electricidad en luz lo que impulsa el desarrollo de la entonces incipiente industria eléctrica. En Nueva York y París aparecen, poco después de 1880, las primeras plantas eléctricas para alimentar circuitos de alumbrado exterior, de los comercios y de las industrias. La actividad nocturna en las ciudades adquiere nuevas dimensiones, la convivencia social y económica se transforma, y las costumbres en los hogares comienzan a modificarse. El día deja de ser, para crecientes porciones de la humanidad, el tiempo determinado por la disponibilidad de la luz solar y se extiende hacia la noche. Asimismo, los sistemas eléctricos, antes determinados por una actividad industrial que funcionaba prácticamente de día, empiezan a tener cargas importantes por las noches.
Los horarios estacionales
Es en la Primera Guerra Mundial, por necesidades propias de las operaciones militares de conservar energía, que se rompen las nuevas costumbres y los relojes se mueven de acuerdo a las necesidades particulares de la sociedad en un momento dado. En este caso, la creciente importancia de la iluminación como consumidora de energía y la posibilidad de mover los relojes a partir de las nuevas convenciones, coinciden para que se considere aplicar lo que en inglés se conoce como "período de ahorro de luz de día" (5). La medida, que consistió en mover la hora que marcan los relojes, permitió alargar las tardes en una o dos horas, evitando la necesidad de utilizar energéticos para la iluminación artificial.

(5) Daylight Saving Time.

La energía eléctrica
El uso de la energía eléctrica se generaliza en el mundo, pero es hasta el final de la Segunda Guerra Mundial cuando se presenta un extraordinario crecimiento económico mundial, que tiene un despegue fuera de lo común. Es en los años cincuenta cuando se generaliza el uso del refrigerador y del aire acondicionado; en los cincuenta aparece la televisión. Como resultado, de 1958 a 1990 la generación y uso de la electricidad crece más de 7 veces, impulsada siempre de manera principal con el uso de petróleo.

La crisis petrolera de 1973
Este proceso de crecimiento encuentra, sin embargo, sus límites. En 1973, un embargo petrolero en el Medio Oriente limita la oferta de este combustible fósil y pone sobre la mesa de discusión el tema de la suficiencia de las reservas petroleras. Como resultado de esta crisis, el precio del petróleo aumenta considerablemente y muchas economías tienen que tomar medidas de ahorro de energía. En particular, y por su efecto inmediato en el consumo de energía para la generación de electricidad, muchos países, principalmente con economías en desarrollo, adoptan el "período de ahorro de luz de día" que países europeos y Estados Unidos habían ya aplicado desde principios del siglo.

Nuevas preocupaciones ambientales
Hacia principios de los noventa aparecen evidencias claras de un desgaste ambiental a nivel planetario. Investigaciones científicas correlacionan modificaciones de concentraciones de gases de efecto de invernadero en la atmósfera terrestre con, entre otras actividades, la quema de combustibles fósiles. Este incremento en las concentraciones, según los expertos, está ya dando lugar a que el clima del planeta sufra modificaciones que alteran patrones de fenómenos atmosféricos y oceánicos: lluvias más intensas, sequías más prolongadas, huracanes más potentes. La modernidad implica ya más que comodidades: implica también responsabilidades.
Conclusiones
En los últimos cien años se han presentado, empujados por un avance tecnológico acelerado, cambios muy radicales en costumbres consideradas como tradicionales por los seres humanos. Estos cambios, entre muchas otras cosas, han alterado la manera en que nos relacionamos con la luz natural. Hoy en día, la luz artificial alarga nuestras actividades a lo largo de la noche y la mitad del día ha dejado de corresponder, como acontecía hace más de un siglo, con las 12 horas del reloj. Por otro lado, los combustibles fósiles se han convertido en la base fundamental de la operación de los sistemas energéticos, los cuales se han vuelto indispensables para la vida diaria. Sin embargo, estos combustibles, además de ser finitos, al ser quemados para convertirlos en formas de energía útil contaminan nuestro medio ambiente, poniéndolo en riesgo.
El Horario de Verano, entendido como una medida que aprovecha el hecho de que los tiempos y los momentos de nuestras costumbres sociales están determinados por lo que marcan los relojes; de que consumimos grandes cantidades de energía para iluminar y extender el día hacia a la noche; y de que necesitamos reducir el impacto que el consumo de energía tiene sobre el medio ambiente, es una medida amable que tiene muchos aspectos positivos. El Horario de Verano es, por lo tanto, uno de los muchos ajustes que como humanidad realizamos para ubicarnos mejor en una realidad cambiante. Ni nada más ni nada menos.

 


El Horario de Verano y nuestra salud.

El Horario de Verano es una medida que nos acerca a lo natural, es decir, a un ajuste normal de nuestros organismos a los amaneceres cambiantes. Eso no tiene ninguna repercusión negativa sobre la salud de la población, ni aún tratándose de niños o ancianos.
Diferentes estudios médicos han comprobado que nuestro organismo tiene la capacidad de adaptarse a los cambios de horario en un tiempo máximo de 72 horas, o una semana en casos de sensibilidad extrema. El Horario de Verano no afecta la capacidad de aprendizaje o de concentración, por lo que el nivel de aprovechamiento de los niños en edad escolar no se ve afectado por la aplicación de esta medida.
Como principal preocupación del efecto que el Horario de Verano tiene en accidentes automovilísticos se han realizado estudios que reconocen una disminución de los mismos.
De manera general, no existe ningún impacto en la salud por el cambio de Horario de Verano.
El organismo humano funciona en forma adaptativa siguiendo los llamados "ritmos circadianos", los cuales son notablemente influenciados por variaciones ambientales y climáticas. Fisiológicamente lo más adecuado para la salud y el rendimiento del ser humano es acoplar de la mejor forma posible sus actividades más importantes al ciclo natural luz / oscuridad.
Tomando en cuenta que el organismo humano hace un ajuste diario de una hora en sus ritmos circadianos para reducir de 25 a 24 horas sus ciclos hormonales y de sueño/vigilia, el que una vez al año se ajuste a una hora menos y otra vez al año a una hora más no representa alteración orgánica alguna sino un mecanismo ocasional que induce un buen acoplamiento fisiológico con las condiciones ambientales generadas por las estaciones del año. Aproximadamente uno o dos días después del cambio de horario se vuelven a adaptar todos los parámetros biológicos a los nuevos horarios de sueño y vigilia sin secuela alguna.
No se encontró evidencia de que el cambio de Horario de Verano haya causado daños significativos en la salud de la población. Individuos y grupos pueden procesar el cambio de horario en forma positiva, en el sentido de utilizarlo como estímulo y oportunidad para ejercitar sus funciones biológicas y psico-emocionales para enfrentar realidades cambiantes.


 

Países que aplican el Horario de Verano.

 
Período de aplicación (2004)
País o territorio
Inicio
Término
Hemisferio Norte
Albania
28-Mar
31-Oct
Alemania
28-Mar
31-Oct
Armenia
27-Mar
30-Oct
Austria
28-Mar
31-Oct
Azerbaiján
27-Mar
30-Oct
Bahamas
04-Abr
31-Oct
Bielorrusia
28-Mar
31-Oct
Bélgica
28-Mar
31-Oct
Bulgaria
28-Mar
31-Oct
Canadá (except Saskatchewan)
04-Abr
31-Oct
Croacia
28-Mar
31-Oct
Cuba
04-Abr
31-Oct
Chipre
28-Mar
31-Oct
República Checa
28-Mar
31-Oct
Dinamarca
28-Mar
31-Oct
Dinamarca - Islas Faroes
28-Mar
31-Oct
Dinamarca - Greenland
28-Mar
31-Oct
Egipto
29-Abr
30-Sep
Estonia
28-Mar
31-Oct
Finlandia
28-Mar
31-Oct
Francia
28-Mar
31-Oct
Gaza Strip
15-Abr
14-Oct
Georgia
27-Mar
30-Oct
Grecia
28-Mar
31-Oct
Hungría
28-Mar
31-Oct
Irán
20-Mar
20-Sep
Irak
01-Abr
01-Oct
Irlanda
28-Mar
31-Oct
Israel
06-Apr
21-Sep
Italia
28-Mar
31-Oct
Jordán
24-Mar
21-Oct
Kazajstán
27-Mar
30-Oct
Kyrgyzstán
27-Mar
30-Oct
Latvia
28-Mar
31-Oct
Líbano
27-Mar
30-Oct
Lituania
28-Mar
31-Oct
Luxemburgo
28-Mar
31-Oct
Macedonia
28-Mar
31-Oct
México
04-Abr
31-Oct
Moldova
28-Mar
31-Oct
Mongolia
27-Mar
30-Oct
Montenegro
28-Mar
31-Oct
Holanda
28-Mar
31-Oct
Noruega
28-Mar
31-Oct
Pakistán
Discontinuo
Polonia
28-Mar
31-Oct
Portugal
28-Mar
31-Oct
Portugal - Madeira
28-Mar
31-Oct
Portugal- Azores
28-Mar
31-Oct
Rumania
28-Mar
31-Oct
Rusia
27-Mar
30-Oct
Serbia
28-Mar
31-Oct
República Eslava
28-Mar
31-Oct
Eslovenia
28-Mar
31-Oct
España
28-Mar
31-Oct
España - Islas Canarias
28-Mar
31-Oct
Suecia
28-Mar
31-Oct
Suiza
28-Mar
31-Oct
Siria
31-Mar
30-Sep
Turquía
28-Mar
31-Oct
U.K. - Bermuda
04-Abr
31-Oct
U.K. - Gibraltar
28-Mar
31-Oct
U.K. - Inglaterra
28-Mar
31-Oct
U.K. - Irlanda del Norte
28-Mar
31-Oct
U.K. - Escocia
28-Mar
31-Oct
U.K. - Gales
28-Mar
31-Oct
Ucrania
28-Mar
31-Oct
Estados Unidos (excepto Hawaii, Arizona y parte de Indiana)
04-Abr
31-Oct
Hemisferio Sur
Australia - Lord Howe Island
25-Oct
27-Mar
Australia - New South Wales
25-Oct
27-Mar
Australia - South Australia
25-Oct
27-Mar
Australia - Tasmania
05-Oct
27-Mar
Australia - Victoria
25-Oct
27-Mar
Brasil (parte)
19-Oct
15-Feb
Chile
12-Oct
14-Mar
Chile- Easter Island
12-Oct
14-Mar
Namibia
07-Sep
04-Abr
Nueva Zelanda
04-Oct
20-Mar
Nueva Zelanda - Isla Chatham
04-Oct
20-Mar
Paraguay
07-Sep
04-Abr
Tonga
Discontinuo
U.K. - Islas Falkland
07-Sep
18-Abr
 

 
 
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