Tercera crisis
petrolera
enriqueta cabrera
El desafío nuclear de Irán y la publicación de un posible
bombardeo por parte de Estados Unidos a instalaciones nucleares de ese país,
desencadenaron un nuevo aumento en los precios del petróleo.
El precio histórico rondó la semana anterior los 75 dólares
barril y bajó a 72. Desde 2003, el precio pasó de 20 a 75 dólares el barril, un
aumento de 375%. A diferencia de la primera crisis petrolera, el incremento no
ha sido abrupto, y las economías, hasta ahora, lo han podido absorber.
La tercera crisis es distinta a la de los años setenta,
porque su causa es el crecimiento de las economías desarrolladas y, en
particular, el crecimiento vertiginoso de economías emergentes, como la de
China e India, que despierta el temor fundado de que el suministro no pueda
satisfacer el consumo.
Indudablemente existe también el riesgo de que la crisis
pudiera agravarse súbitamente, por ejemplo, por una disminución drástica de su
producción de crudo de Irán, ya sea por un bombardeo de Estados Unidos y/o
Israel, o por un embargo definido por el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas. Irán es el cuarto productor, inyecta al mercado petróleo 2.5 mbd y ningún país podría suplir esa producción.
Se agotan las reservas
La industria petrolera enfrenta problemas estructurales por
el agotamiento de reservas, que no alcanzan a reponer el petróleo extraído, lo
que está en la esencia de la tercera crisis: por cada tres barriles que se
consumen, se repone uno.
Adicionalmente hay insuficiencias en infraestructura
productiva y en la capacidad de refinación, como se vio tras el paso del
huracán Katrina. Esta tercera crisis del
petróleo es menos espectacular e impactante que las dos anteriores, en 1973-74
y 1979-80. Sus efectos sobre la economía son menos devastadores, pero sólo en
lo inmediato. ¿Qué sucederá cuando la demanda supere el suministro? Por sus
causas será más duradera y, al final, tendrá que desembocar en el desarrollo de
fuentes energéticas alternativas a los hidrocarburos para disminuir su
dependencia, lo mismo en la generación de electricidad que en el transporte.
Rezagos en una reconversión de fuentes energéticas podrían provocar colapsos
económicos.
Según la Agencia Internacional de Energía, el consumo
mundial será de 85.1 millones de barriles diarios este año, y el suministro
alcanzará a suplir la demanda estrechamente.
Por eso, cualquier elemento que perturbe los mercados –como
la reducción de la producción de Nigeria en 460 mil barriles diarios o la
inestabilidad en Irán--, dispara los precios. A diferencia de las dos crisis
anteriores que tuvieron un carácter político, la actual involucra factores
productivos relativos a la industria petrolera.
Cálculos conservadores consideran que, en las próximas
décadas, el precio no descenderá de los 60 dólares el barril. El aumento, que
alcanzó los 75 dólares, disparó las alarmas, ya que el crecimiento de la
economía global podría estar en riesgo. Hay analistas que insisten que podría
llegar a los 100 dólares el barril en unos meses.
La crisis de 1973, iniciada el 13 de octubre cuando los
países árabes de la OPEP decidieron cortar suministro a Estados Unidos y los
países europeos que habían apoyado a Israel en la guerra del Yomkipur contra los palestinos, cuadruplicó los precios y
tuvo graves consecuencias recesivas e inflacionarias.
Los países desarrollados adoptaron medidas para recortar el
consumo energético. En el fondo de la segunda crisis, 1979-1980, estuvo el
derrocamiento del Shah Reza Pahlevi,
fiel aliado de Estados Unidos y guardián del petróleo; la revolución iraní de
los Ayatollahs; los rehenes estadunidenses,
y la guerra entre Irán e Irak, que afectó los flujos petroleros y disparó los
precios. Esa crisis marcó el fin de 30 años de crecimiento económico sostenido.
Ambas crisis tuvieron en el centro factores de tipo político, que llevaron a la
reducción del suministro. A diferencia de lo que ocurre en 2006, en la década
de los setenta había abundancia de petróleo, grandes reservas para satisfacer
ampliamente el consumo mundial.
En 2005, la oferta de crudo fue de 84.1 millones de barriles
diarios. Este año, según proyecciones de la Agencia Internacional de Energía,
la demanda será de 85.1 mbd. China tuvo en 2005 un
crecimiento de 10.2%. En 2003 consumía 5.6mbd y, al finalizar 2005, se había
convertido en el segundo consumidor del mundo, desplazando a Japón, con un
consumo de 6.9 mbd, junto con China, India y Brasil,
así como otros países emergentes aumentan su consumo. La demanda se podrá
disparar aceleradamente por el consumo de nacientes clases medias en China e
India cuando accedan a vehículos, electrodomésticos y equipos de calefacción.
Estados Unidos demandó 25.5 mbd en
2003 y se espera que este año consuma 25.8 mbd (cerca
de una tercera parte de la producción de petróleo mundial). Por el lado del
suministro, los países productores están extrayendo crudo a todo lo que dan.
Sólo Arabia Saudita tiene capacidad adicional de producción, de alrededor de
1mbd. Hay temores fundados de que la demanda pueda, más temprano que tarde,
superar la oferta si no se amplían las reservas probadas; es decir, económica y
técnicamente viables para su extracción.
Lo que hace también singularmente inquietante el estrecho
balance entre suministro y consumo, es que las reservas no crecen al parejo de
la producción; es decir, no se repone lo que se extrae. ¿Está el mundo
quedándose sin petróleo? Las reservas mundiales se reducen mientras los grandes
campos petroleros (Ghawar en Arabia Saudita o Cantarell en México) llegan a su madurez y la producción de
los países No-OPEP (Mar del Norte) comienza a declinar. Frente a la ya evidente
reducción de las reservas, existen varias interpretaciones: la de la Agencia
Internacional de Energía (AIE) afirma que lo que ha faltado es inversión y que,
de aquí a 2030, será necesario invertir 6 mil millones de dólares sólo para
cubrir la demanda esperada, aunque reconoce que las reservas podrán declinar a
partir de 2025.
Otras interpretaciones de geólogos reconocidos, como Colin Campbell y Kenneth Deffeyes –mencionadas por
la revista The Economist—
afirman que las reservas mundiales de crudo se están agotando: se ha extraído
ya alrededor de la mitad de lo existente, por lo que, después de alcanzar su
pico (entre 1999 y 2005), comienzan a declinar irremediablemente.El petróleo no se agotará súbitamente, pero sí irá declinando paulatinamente su
producción. Michael Rodgers, de PFC Energy, afirma que el pico de nuevos descubrimientos tuvo
lugar hace mucho tiempo. “Estamos viviendo la lotería que ganamos hace treinta
años”.
Nuevas tecnologías
Hasta hace poco nadie hablaba de que el petróleo se podía
acabar. La tasa de reposición se estaría ubicando en un barril por tres
extraídos. Sanford Bernstein calcula que la tasa de reposición de reservas de las grandes compañías
petroleras occidentales fue de 29%, de lo que extraen en los últimos cinco
años, pero descendió a 14% el año pasado.
United States Geological Survey (SGS) estudió el tema y concluyó que el mundo tenía
alrededor de 3 billones de barriles petróleo convencional recuperable, de los
cuales una tercera parte se ha extraído ya. Esto supondría un pico global más
allá de 2025. Pero si se recuperaran hidrocarburos no convencionales, como
arenas de chapopote o petróleo sedimentado en roca o barro (que sólo con
tecnologías caras pueden transformarse en petróleo), el pico tardaría más tiempo
en ser alcanzado.
Cambridge Energy Research
Associates (CERA), otra consultora energética, tiene
una visión optimista. Advierte que, aunque con precios más elevados, hay
proyectos en marcha en el mundo que podrían
incrementar en 15 mbd la producción de crudo entre
2005 y 2010.
Hay varias apuestas tecnológicas dirigidas a disminuir la
declinación del petróleo. La primera radica en que, globalmente, la industria
petrolera recupera sólo alrededor de un tercio del petróleo que se sabe existe
en cualquier yacimiento. Nuevas tecnologías están aumentando la tasa de
recuperación, notablemente la 4D análisis sísmico y electromagnético de
detección directa de hidrocarburos. Incluso, la recuperación de un porcentaje
pequeño podría ser significativa. Señala The Economist que grandes extensiones en Siberia,
Irak o Arabia Saudita no han sido exploradas con técnicas modernas.
En relación con las reservas existen otros problemas por la
imprecisión de su cuantificación. Por ejemplo, Petroleum
Intelligence Weekly, publicó
informaciones obtenidas de documentos oficiales de Kuwait, en el sentido de que
el país podría contar con reservas de sólo la mitad de los 100 mil millones de
barriles de petróleo que dice tener. La conclusión es que las cifras de
gobiernos nacionales deben ser vistas con más cautela. Por otra parte, las
compañías petroleras tampoco han estado reponiendo sus reservas; se quejan de
no tener acceso a petróleo nuevo en Oriente Medio, el gran depósito mundial. Y
afirman que “necesitamos todas las moléculas en las que podamos poner las
manos.”
No será fácil romper la dependencia del petróleo que, en los
próximos años, se incrementará. Con el agotamiento de yacimientos petroleros de
países no pertenecientes a la OPEP, el cártel adquirirá, en los próximos años,
una nueva fuerza y el control de una parte cada vez mayor del mercado.
Salir de la tercera crisis implicará un enorme desarrollo
tecnológico en la industria petrolera, pero sobre todo para sustituir el
petróleo como el energético global. La escasez del petróleo está obligando a
extraerlo a mayores profundidades, en yacimientos de crudo pesado –menos apto
para su refinación--, en plataformas offshore, lo que
significa una mayor inversión y desarrollo tecnológico en la industria
petrolera, con el consecuente encarecimiento del crudo.
Se están desarrollando nuevas tecnologías para recuperar mas
petróleo en yacimientos maduros, a través de inyecciones de vapor; para
recuperar petróleo de arenas de chapopote o ubicado en sedimentos de roca o
arcilla. Pero la tecnología tiene también problemas que resolver cuando el
precio de la extracción se eleva grandemente o cuando los daños al medio
ambiente pueden ser incluso mayores que los actuales. Es por demás evidente que
la dependencia de los combustibles fósiles debe dar paso a la diversificación
de fuentes de energía, incluídas las bioenergías, la energía eólica, la energía solar, térmica.
La pregunta es si hay tiempo para un desarrollo en paralelo con la declinación
del petróleo.
En relación con los cambios provocados en el medio ambiente
y el calentamiento de la tierra, cita el diario El País, cómo en una de
las sesiones más surrealistas del Foro Económico Mundial en Davos,
que expertos del sector petrolero explicaban: “El derretimiento del casquete polar se está produciendo más rápidamente de lo
previsto, lo que no sólo plantea un problema, sino también una oportunidad:
ahora quizá se pueda acceder a grandes cantidades de petróleo.”
Si Estados Unidos no ha firmado la Ley del Mar, convención
internacional que establece quién tiene acceso al petróleo marino y otros
derechos, es porque así conviene a sus intereses. Puede inferirse que eso le
permitiría saquear los hidrocarburos de Alaska, pero también otros, como los
del Golfo de México.
El petróleo tiene que ser sustituído
como el principal combustible en el transporte. En marzo, un prototipo de Audi R-10 utilizó un diesel super
poderoso y super limpio elaborado por Shell a partir de gas natural, con el extraño nombre de
gas-a-líquidos GTL.
Pero es evidente que los combustibles alternativos no van a
surgir de la noche a la mañana, por lo que se observará una carrera entre las
nuevas tecnologías y el agotamiento de hidrocarburos. La sustitución deberá ser
primero paulatina y, después, acelerada en la generación de electricidad. Por
ahora, la única alternativa amplia de generación es la energía nuclear, que
todavía presenta problemas de seguridad y de almacenamiento de desechos
radiactivos.
En el primer caso, la AIEA, a 20 años del accidente de Chernobyl, considera que se ha avanzado. Pero el problema
del almacenamiento sigue siendo un asunto no resuelto. Ningún país tiene una
instalación permanente para los desechos radiactivos de las plantas nucleares
de generación de electricidad. Estados Unidos pretende construir uno en Nevada.
No deja de llamar la atención que Italia produzca energía nuclear desde 1987
sin que haya encontrado donde almacenar sus desechos radiactivos, advierte The Economist.
Finalmente, la entrada a esta tercera crisis del petróleo,
desata ya incipientes conflictos internacionales. Si prácticamente las guerras
del siglo XX y XXI tuvieron que ver con el petróleo, incluida la guerra de
Irak, en el futuro esto se incrementará. La geopolítica mundial estará
conducida por el acceso al petróleo. China busca asegurar el suministro
petrolero que requiere su crecimiento económico y una amplia clase media en
formación. La alianza anunciada el pasado 21 de marzo entre Rusia y China en
materia de petróleo y gas es un ejemplo. Las exportaciones de energía serán
parte de la política exterior de Rusia. Veremos en los próximos tiempos una
ruda geopolítica del petróleo en Europa, Asia, Medio Oriente.